Carmen Martín Gaite imaginó en «Caperucita en Manhattan» una fábula urbana sobre los sueños de libertad y el paso a la vida adulta. Cien años después de su nacimiento, aquella historia regresa en forma de novela gráfica gracias al trabajo conjunto de la guionista Catalina González Villar y la ilustradora Helena Bonastre, en una edición de Siruela y la Fundación Carmen Martín Gaite. Una propuesta que busca acercar el universo de la autora salmantina a nuevas generaciones sin perder la voz original que la hizo única.
Catalina González confiesa que el proyecto «fluyó con mucha naturalidad desde el principio. La editorial y la Fundación querían conmemorar el centenario con una propuesta especial, y pensaron que el cómic era una manera ideal de revitalizar la obra y hacerla accesible al público joven». Aunque las autoras no se conocían, la colaboración fue inmediata: «Helena en Madrid, yo en Alicante; todo el trabajo lo hicimos por videollamadas, compartiendo bocetos y texto. En ocho meses lo tuvimos».
El reto principal, explica González, fue mantener el tono literario de Martín Gaite: «Queríamos que el lector siguiera leyendo a Carmen, que sintiera su escritura. Conservamos muchas frases literales, buscando equilibrio entre la palabra y la imagen». Esa fidelidad, añade, no impidió un proceso creativo lleno de disfrute: «Era un trabajo de amor hacia el libro original, con el vértigo de adaptar una obra tan querida».
Por su parte, Helena Bonastre reconoce que se sintió «muy libre desde el inicio» y que la experiencia ha sido «súper positiva». Su primera incursión en un cómic completo le permitió rendir homenaje visual a la autora: «La abuela de Sara tiene rasgos de Carmen; fue mi manera de tenerla presente». Para recrear el Nueva York de la novela, Bonastre reconoce que buceó durante horas por la Gran Manzana en Google Maps y se sumergió en mapas y fotografías de los años 80 y 90, incorporando «pequeños guiños» tomados del libro «Visión de Nueva York» de la propia Martín Gaite.
El color, dominado por ambientes nocturnos, fue otro desafío. «Quería una estética algo desgastada, como una película de la época», explica. «Al final, las luces de la ciudad dieron vida a esas noches».
Ambas coinciden en que la novela gráfica puede ser una puerta de entrada para nuevos lectores. «Cada vez las generaciones jóvenes son más visuales», apunta Bonastre, «y si este libro les acerca a Carmen Martín Gaite, nos daremos por satisfechas».
Sara Allen es una niña de 10 años que vive en Brooklyn en los años 80. Su carácter soñador le lleva a imagina un mundo propio con palabras inventadas mientras anhela la libertad de Manhattan. Allí vive su abuela, una excantante algo excéntrica a la que Sara visita cada sábado con su madre. Pero un día los padres han de viajar urgentemente a Chicago, Sara se queda sola y decide emprender la aventura de llegar hasta Morningside, el barrio donde vive su abuela, para llevarle una rica tarta de fresa que ha preparado mamá. Por el camino conocerá a la misteriosa vagabunda Miss Lunatic y al millonario Mister Wolf. Carmen Martín Gaite reimaginó en 1990 el cuento clásico -Sara viste un impermeable con capucha rojo- y acompaña en su viaje por la noche neoyorkina a esta niña que desafía a sus miedos. 30 años después, el libro se convierte en una experiencia visual cercana y emotiva para lectores de todas las edades.
El proceso literario y técnico para adaptar la obra «Caperucita en Mahattan» al comic llevó a sus autoras ceca de ocho meses de trabajo. Al inicio ambas trabajaron de forma paralela: mientras Catalina trazaba el guion, Helena daba forma a los personajes. Posteriormente, la tecnología de la comunicación les ayudó a trabajar «juntas». «Nos entendimos muy bien desde el principio», dice Catalina González.
Carmen Martín Gaite realizó unos bocetos que representaban a los personajes de la obra, lo que desvela que la autora salmantina imaginó su adaptación a novela gráfica. Ella misma desveló que fue su amigo, el ilustrador vasco Juan Carlos Eguillor, Premio Nacional de Ilustración Infantil 1983, quien le inspiró el argumento de este cuento moderno, y a él le dedicó el libro cuando se publicó en 1990.
Fuente: www.lagacetadesalamanca.es
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